lunes, 1 de febrero de 2016

Sonría! Lo Estamos Intimidando.




El día 30 de enero de 2016, en el Parque Central de Mendoza, compartimos con miles de compañeros peronistas y kirchneristas las palabras de Martín Sabatella en el marco de la lucha por mantener en pie la Ley de Servicios Audiovisuales – AFSCA y AFTIC – o Ley de Medios, dónde se habló de la política neoliberal que vivimos por estos días en la Argentina, de los decretazos del Presidente Mauricio Macri, etc., todos temas que son por demás conocidos para quienes nos situamos en el lugar de la oposición de la Alianza Cambiemos, indistintamente del color político que tengamos.

Pero no es de eso de lo que quiero hablar en esta oportunidad. Hubo algo que me llamó poderosamente la atención y que ningún medio de comunicación local o nacional parece haberse percatado. 

En medio del acto y del fragor militante, un helicóptero comenzó a sobrevolarnos en círculos. Así estuvo más de 10 minutos, dándonos vuelta por encima de la cabeza. No era un helicóptero de la Policía de Mendoza, los canales de televisión locales no cuentan con un helicóptero para filmar desde altura, entonces la pregunta que varios de los compañeros que estábamos presentes nos hicimos es: ¿nos están vigilando?

Muchos militantes filmaron el evento, otros sacamos fotos para documentar lo que estaba sucediendo para poder compartirlo en los únicos medios de expresión que nos van quedando: las redes sociales.
Repensando todo lo sucedido, se me vino a la cabeza una concentración a la que asistí a finales de diciembre de 2015, en la explanada de la Legislatura Provincial dónde observé apostado a un costado de los manifestantes un furgón de Gendarmería. Confieso que me sentí intimidado. ¿Un furgón de Gendarmería en una manifestación pacífica? Nunca en los doce años anteriores vi en una manifestación a las fuerzas de seguridad apostados. Lo mismo pensé el sábado. ¿Un helicóptero sobrevolando el acto de Sabatella? Permítanme que me parezca mínimamente raro.

Fue entonces cuándo entendí que lo que está intentando hacer éste gobierno es instalar el miedo, la persecución, el terror a salir a las calles a manifestarnos. En otras épocas estos eventos hubieran sido parte de un plan del Terrorismo de Estado. En otras épocas hubieran estado las fuerzas represivas en pie de guerra levantando compañeros y desapareciendolos, aunque el Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Darío Lopérfido, diga lo contrario.

El gobierno de Cambiemos no puede levantar compañerxs y desaparecerlos, pero los mecanismos que están utilizando no son muy diferentes a los de aquellas épocas de horror. Montan presencia para hacernos temerosos y claudicar en nuestras luchas por los derechos adquiridos, levantan compañerxs y los encarcelan, tal es el caso de Milagro Sala y de Rodolfo Aguilar, obligan a compañeros estatales a abrir sesión de sus cuentas de facebook personales en una computadora delante del jefe jerárquico para así saber qué ideología política tiene ese compañero y, en caso de ser oposición, es tachado de ñoqui y dejado cesante en sus labores habituales. Todo lo anterior en complicidad con el Poder Judicial, las Subsecretarías de Trabajo y, en muchos casos, con el silencio de los sindicatos. Es, a mi humilde entender, una forma ayornada de terrorismo, más moderna, más estilizada, pero que a pesar de convencer al votante ignorante (entiéndase como ignorante a aquel votante que ejerce su derecho sin la menor información de lo que significan las derechas a nivel mundial y latinoamericano, y sin saber siquiera quiénes son los candidatos a gobernarnos) no deja de ser un Estado represor.

Sin ir más lejos, en Plaza de Mayo, Buenos Aires, el Gobierno Nacional apostó efectivos de seguridad para impedir el tránsito de cualquier persona que lleve consigo distintivos del Frente para la Victoria, Kirchnerismo o Peronismo. Eso no lo digo yo, está documentado en videos. O las redadas por portación de cara dónde se demora a los ciudadanos con fines “identificatorios” por presumir que son delincuentes. Es decir, si sos morocho tenés antecedentes.

Si bien los gobiernos nacional y provincial son legítimos desde la perspectiva de sufragio, comienzan a tambalear en un hilo muy delgado donde sus prácticas son totalitarias, y esas prácticas también se legitiman con el apoyo de la derecha social y el silencio de los corderos que votaron pero hacen la vista gorda ante cualquier atropello por parte del Estado.


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