¿De qué hablamos cuándo hablamos de integración? ¿A qué nos
referimos cuándo decimos la palabra inclusión? ¿Es un simple “tolerar” a lxs
otrxs? ¿Qué pasa cuándo se ponen en juego discursos inclusivos pero a la
primera de cambio las palabras dicen otras cosas? ¿Existe realmente el “no
quise decir eso” o es una patraña para conformar a esx otrx que consideramos
diferente sin ser juzgadxs como discriminadorxs o segregacionistxs?
No es la primera vez que me cuestiono estas cosas. Desde
hace años que lucho conmigo para no usar términos que traigo muy arraigados,
culturales, bajadas de línea social que descalifican a lxs otrxs que no son
como yo. Muchas veces me encuentro calificando a alguien de “negrx de mierda”
porque le robó a un/a “blancx no de mierda” sin tomarme siquiera el tiempo de
pensar qué pasa por su vida para que esx muchachx haya llegado a ese extremo de
tener que robar. Muchos dirán que se trata de una necesidad económica no
resuelta. Puede ser. Otros dirán que es una cuestión cultural. Tal vez. Los más
derechistas dicen que son así, que no tienen solución y que deben estar en la
cárcel. Eso no lo puedo pensar ni por casualidad, porque no creo que las
personas tengamos iguales oportunidades en la vida y tampoco creo que sea la
solución.
También veo que de nuestras discriminaciones no nos hacemos
cargo. Siempre el/la otrx es el/la culpable. Y a esx otrx le ponemos nombre: negrx,
puto, puta, histéricx, chorrx, trabuco, frígida, ñoqui, chetx, cabeza, e
innumerables etcéteras. Pero nunca frenamos y nos ponemos a pensar por qué
tenemos ese tipo de costumbres tan sectaristas. Quizás esas sean las cosas que
hacen la verdadera grieta en éste país, quizás sea momento de dejar de ponerle rótulos
a las personas.
Navegando ociosamente por una red social encontré una página
dedicada a lxs solterxs. Me pareció un buen espacio para interactuar con otrxs.
Pedí solicitud de ingreso y me lo concedieron. Me encontré con gente de todo tipo aunque la
condición es que fuera gente del palo peronista, pero con todo parecía lo
suficientemente amplia para albergar gente de otros palos como el socialista.
Tristemente vi que de ser un espacio para la interacción
entre compañerxs empezó a convertirse en diferentes guetos. Pasó de ser una
página dedicada a lxs solterxs peronchxs para ser dos páginas, una para lxs
menores de 40 años y otra para los mayores de esa edad. Dentro de la página de
menores de 40 años empecé a ver álbumes de fotos dónde la sectorización se
realizaba por orientaciones sexuales. Habían álbum que titularon algo así como “varones
homo”, “mujeres homo”, “heteros”, etc. En las fotos de portadas de dichos
álbumes te encontrás con hombres y mujeres hermosxs, gente irreal, digo,
estereotipos de belleza que no existen.
Ahí entendí la famosa grieta de la que todxs hablamos. No
creo que hagan falta los rótulos para encasillar a las personas. No creo que en
una página dónde uno busca novix tengamos que separarnos por franjas etáreas u
orientaciones sexuales. No creo que sea justo para nadie que un puñado de
administradorxs definan dónde uno encaja.
El kirchnerismo ha sido pionero en ampliación de derechos.
Es la primera vez que lxs mayores adultxs interactúan con el resto de la
población y eso es porque ya no son el estorbo que otros gobiernos les hicieron
creer que son. Son personas productivas, son personas a quienes sus vidas no se
les acabó con la jubilación, son personas respetadas por lxs más jóvenes y son
fuente de sabiduría de vida. Pero como dejarlos afuera queda mal, los ponemos
en un grupo aparte para que no se mezclen con la juventud con el pretexto de
que puedan interactuar con gente que hable su mismo idioma y con los mismos
códigos.
Lo mismo pasa con otros sectores como la comunidad LGBT. Si
hay algo de lo que conocemos es de discriminación. Vivir en el closet fue un
medio de autoprotección durante años, hasta que en 2010 se pudo obtener la Ley
de Matrimonio Igualitario. Si, igualitario. Eso significa los mismos derechos
para todxs. Y como todas las leyes importantes, Matrimonio Igualitario e
Identidad de Género fueron posibles en gobiernos peronistas, como la ley de
voto femenino. Entonces, siguiendo esa lógica, es impensable que se generen guetos
en espacios peronistas. Más impensable es que se usen términos como “homo”,
cuándo, lo dijo muy claro el compañero Pablo Ayala de la Agrupación Putos
Peronistas: “Los gays son de la derecha, los putos peronistas”. Eso quiere
decir que hay palabras que se resignifican y se transforman en movimientos
populares. Pedro Robledo del PRO es gay, los peronistas somos putos, tortas,
travas, pero nunca homos.
La idea de inclusión no es otra cosa que el respeto por
todxs lxs integrantes de una sociedad. La interacción entre los miembros debe
ser dentro del marco del respeto, la aceptación y la comprensión. En mi barrio
convivo con gente de todo tipo y no etiqueto a nadie como si fuera el estante
de los condimentos. Puedo charlar con la vecina de junto que tiene 40 años más
que yo de igual manera que con el pibe del almacén que tiene 20 años menos.
Hablo con el morocho tanto como con el rubio, con la familia pobre como con la
que tiene un mejor pasar. Estas situaciones que a muchxs les parecerá una
trivialidad son verdaderamente graves porque condicionan, separan y
estereotipan y son pautas que debemos empezar a transformar si la inclusión que
pregonamos es real y sentida.

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